Pequeños dictadores en la mesa.Todo padre y toda madre de un niño pequeño sabe que la hora de la comida puede ser un campo de batalla. La especialista Su Laurent afirma que algunos padres atribuyen los caprichos de sus hijos a trastornos alimentarios en lugar de calificarlos como lo que son: mala conducta.
Me paso buena parte del tiempo revisando a niños saludables, cuyos padres están convencidos de que padecen trastornos de nutrición.
Algunos aseguran que sus bebés están incapacitados para tragar sólidos; otros piensan que sus pequeños simplemente "desaparecerán" a menos que se les ofrezca esas pocas comidas que les gustan.
Mientras que otros juran que sus hijos no comen "nada absolutamente", mientras estos ¡se vacían un paquete de de golosinas frente a mis ojos!
Los tres casos son ejemplos de qué arma tan poderosa es la comida y de qué tan rápido comiezan los niños a manipular a sus padres.
Los tres casos son ejemplos de qué arma tan poderosa es la comida y de qué tan rápido comiezan los niños a manipular a sus padres.
La mayor dificultad que encuentro es que los padres frecuentemente tienen fija la idea de que sus hijos sufren un trastorno de alimentación y puede ser muy difícil convencerlos de que, por el contrario, sus pequeños son muy poderosos y se están saliendo con la suya: comen exactamente lo que quieren y nada más.
Es más habitual que un padre dedicado crea que su pequeño padece un problema y no admita una falta de conducta.
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